Sismo de México 2017

En las calles del centro, el sentimiento era de inquietud, como de quien tiene una ligera certeza de que se esperan malas noticias. Tal vez el sentimiento común de quienes no habíamos sufrido ninguna consecuencia de ese fatídico día, de quienes libramos milagrosamente el pellejo, era como de una mala broma. ¿El mismo día que 1985? ¿Un segundo temblor igual de fuerte como el de apenas 12 días atrás? ¿Justo cuando habíamos tenido apenas 2 horas atrás un simulacro nacional? Una extraña inquietud recorría nuestra piel.
Después de cerrar la casa con llave, salí a recorrer las calles del centro. Simplemente no era posible estar en casa. Se escuchaban sirenas por aquí o por allá. Se rumoraba que un edificio cercano, el de Chimalpopoca y Bolívar, con las costureras, se había caído. Yo lo ignoraba. Y aunque minutos después nos llegaría la noticia, era simplemente información que no teníamos por cierta. De hecho, conforme avanzaron las horas fueron desmintiéndose muchos rumores.
Mi madre intentaba saber sobre mis hermanos y el resto de la familia. Los celulares muertos, el wifi muerto. Ríos de gente caminaban sobre San Antonio Abad. Ignoraba, también, que el edificio del IMSS en la colonia Tránsito se había colapsado sobre el tercer piso.
Encontramos una televisión encendida en un edificio de 5 de febrero, pese a que toda la colonia Obrera estaba sin luz. Comenzaban a informar de derrumbes en Veracruz y Puebla. Nada sobre México. Seguimos caminando hasta llegar a la Plaza de Tlaxcoaque, donde comenzamos a ver daños más severos en las fachadas de los edificios. Un hermoso mural de graffiti en uno de los edificios públicos había sido severamente dañado. Muchos vidrios rotos al otro lado de la plaza. La capilla misma parecía tener sólo daños menores. Ahí se había concentrado mucha gente. Platicamos con un trío de chicas norteñas que al parecer tenían datos de celular. A través de su ayuda, intentamos sin éxito comunicarnos con nuestra familia. Mientras me llegaban a cuentagotas mensajes de mi amiga en Oaxaca: "Se cayeron edificios en la Roma, La Condesa y Coyoacán."
Regresamos a casa buscando a mi tía Lupita y me pidió comunicarme con sus hijas para decirles que estaba sana y salva. Luego comimos y fuimos a revisar su departamento cerca de la estación Chabacano del metro. 
Regresamos y pasamos por el monumento a las costureras cercana al metro San Antonio Abad. Mi familia regresó a casa, pero yo me fui a Bolívar y Chimalpopoca tras haber escuchado rumores de un derrumbe.
Lo que encontré fue el caos. Hacia las 4-5 de la tarde, ya había elementos de seguridad circundando el perímetro de la zona de desastre, impidiendo el paso de vecinos que se ofrecían como voluntarios para cargar escombros y colaborar con las labores de rescate. 
Las puertas de la Bodega Aurrera habían cerrado sus puertas y los vecinos tenían que ir más lejos a buscar misceláneas para comprar víveres para apoyar con alimentos y bebidas a los voluntarios rescatistas. Los policías sólo entorpecían la comunicación y la organización vecinal. No hacían nada más. 
Los vecinos corrieron por los carros del Aurrera para cargar escombros. Las empujaron rodeando el centro comercial hacia el siniestro entrando por Chimalpopoca. Me colé con ellos y pude apreciar de cerca esas primeras horas de caos y confusión. Habían muchos mirones pero no necesariamente entorpecían las labores. Era sobre todo el impacto de ver tanta destrucción concetrada en un solo punto. Hasta el momento yo desconocía cuál era la historia que escondían esos escombros. Tomé algunas fotografías.